Patrimonio Industrial nacional e internacional

PATRIMONIO INDUSTRIAL - INDUSTRIAL HERITAGE - PATRIMOINE INDUSTRIEL

jueves, 31 de mayo de 2012

El hechizo de las minas de Maeztu (Álava). Recorrido paisajístico por la única explotación de brea natural accesible en Europa.

Cómo llegar: Desde Vitoria se toma la carretera de Estella, A-132. Tras atravesar Atauri (30 kilómetros) vemos el acceso a la fábrica de asfaltos.

El subsuelo alavés no ha sido tan generoso en metales como otros territorios hermanos con sus yacimientos de hierro, como suceden en el caso de Bizkaia. Pero lo que actualmente se conoce y se puede ver es atípico y único en España y en Europa, donde no hay vetas de asfalto como los localizados en la zona de Maeztu. Los expertos admiten que las explotaciones de brea natural son menos atractivas que las de metal, pero pueden sugerir el mismo hechizo. «La mayor parte de los patios de los colegios franceses están hechos con producto realizado en Álava y muchas universidades españolas, además de las aceras vitorianas, están hechos con producto elaborado», señala el geólogo Jesús Alonso, uno de los mayores conocedores de las minas.

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Uno de los paseos que pueden servir para conocer parte de ese mundo tan fascinante arranca en las antiguas instalaciones de Asfaltos de Maeztu, en Atauri, ahora cerradas y en fase de desmantelamiento. Es interesante contemplar los diferentes edificios de la vieja fábrica en donde se transformaba la roca en asfalto y, sobre todo, el espectacular agujero que ha dejado la mina a cielo abierto.

Para los más atrevidos queda la opción (poco aconsejable, pues no hay ningún tipo de seguridad) de introducirse en la galería principal, más de cien metros recubiertos de hormigón para evitar su derrumbe. Dentro se pueden ver las huellas de los barrenos y se adivina el durísimo trabajo de décadas.

En la vieja mina
Desde la misma fábrica sube una pista ancha que al llegar a la cima nos conduce, después de andar unos 500 metros, hasta un gran desmonte del que también se extrajeron durante muchos años toneladas de roca asfáltica. A partir de aquí entramos en el parque natural de Izki que nos ofrece para hacer boca un magnífico hayedo. Por una senda no señalada pero amplia a pie de ladera vamos en dirección a la bocamina de uno de los yacimientos más antiguos, el de San Ildefonso.

Hay que recorrer aproximadamente 1,1 kilómetros y girar a la izquierda por una pista que acaba precisamente en el escenario perfecto de la entrada de una vieja mina, en cuyo interior todavía se conserva un cajón de madera de los que portaban la dinamita de los barrenos. «El hayedo bloqueará la entrada dentro de unos años», subraya Javier Suso, nuestro guía. El lugar es hermoso y la bocamina y el hayedo se funden para hacer un paisaje extraño. Muy humanizado y muy salvaje al mismo tiempo.

Dejamos San Ildefonso, donde se aconseja entrar con linternas y mucho cuidado porque hay derrumbes, y bajamos a tomar el sendero que viene de Atauri en dirección a Corres. A unos 600 metros aparecen a mano izquierda los restos de un poblado y una fábrica a la que se traía mediante caballerías y carros el mineral de San Ildefonso.

Todavía se pueden ver algunas paredes de edificios comidas por la vegetación y un gigantesco muro de piedra aguantando la ladera del monte. Se respira cierto misterio entre las ruinas. Ya estamos muy cerca de la carretera de Corres donde acaba esta pequeña pero intensa excursión.
El Correo

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